Cartografía de una idea

Los mapas, últimamente ubicuos en mi pequeña biblioteca personal, son una de las piezas más importantes y, en ocasiones sobreusadas de la literatura fantástica.
El mapa es, en mi opinión, un elemento fundamental en un mundo de fantasía, es eso que nos permite ver el mundo en el que tiene lugar la acción y que nos sitúa en cuestión de segundos no sólo en el lugar geográfico sino, si está hecho bien, en el momento histórico. Sin embargo, creo que los mapas no son necesarios en todas y cada una de las sagas de fantasía que se publican y que, en ocasiones, coartan la libertad del lector.

Mapa del mundo del Trasgo, por Pablo Uría

Hablemos primero sobre el arte de lo que me gusta llamar cartografía de una idea; al fin y al cabo, los mundos de fantasía no son más que ideas (ojalá no, yo quería ir a Braavos). La cartografía de una idea no es más que el mapa que ilustra un libro pero, por simple que sea, no deja de ser un arte. Pongamos por ejemplo el mundo del Trasgo de Morán Roa, el Poniente de George R. R. soy-un-psicópata-pero-respeto-la-ley Martin o la Tierra Media de J. R. R. siempre-estoy-aquí Tolkien.
Estos mapas no son bellos por sí mismos, que también, sino porque parece que han salido del propio mundo que describen y contribuyen a hacer el mundo más real, a fortalecer el acuerdo no escrito entre autor y lector.

Ambos sabemos que esto no es real fuera de nuestras cabezas, pero hagamos por un tiempo como si lo fuera.

Tomemos Poniente como caso a analizar, la Tierra de Hielo y Fuego, un mundo tan tremendamente complejo que no sólo ha dado pie a que en todos los libros se incluya una serie de mapas, sino a que se cree The Lands of Ice and Fire, una recopilación de mapas tamaño poster del mundo conocido. Además, los mapas de A Song of Ice and Fire son particularmente útiles, puesto que por los detalles y los nombres podemos conocer la historia previa: unas tierras disputadas, un mar humeante, regiones en ruinas…

Imagen de Los Siete Reinos. Mapa original de Jonathan de Fantastic Maps

Imagen de Los Siete Reinos. Mapa original de Jonathan de Fantastic Maps

Sin embargo, los mapas tienen un dominio: las historias “globales”, demasiado grandes para que la mente humana pueda comprender el espacio; no son necesarios en historias “locales” como Donde los árboles cantan, en los que los espacios son limitados (no por ello menos complejos), de un tamaño comprensible, ni en historias tan grandes como la Saga de la Fundación, que tiene lugar en la Galaxia, en la que un mapa sería demasiado poco detallado para ser útil.

Por eso pienso que, en ocasiones, se abusa de los mapas. Sí, en muchas ocasiones son auténticas obras de arte, pero ello no justifica su existencia.

Aun así, espero seguir ampliando mi cartoteca.

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